El presidente de la Federación Argentina de Citrus, José Carbonell, estimó que “la producción total de cítricos de Argentina en 2.600.000 toneladas, de las cuales el 60% correspondería a limones”.

El año pasado, el 95% de los limones cosechados tuvo como destino la exportación por un valor de 600 millones de dólares, con una industrialización del 70%, cuyos principales productos correspondían al jugo, aceite y ralladura disecada y 30% a mercancía sin procesar, mientras que el 5% restante de la producción se destinó al mercado interno (40.000 toneladas)
De ese total, dos tercios fueron destinados a la Unión Europea y a Rusia, aunque continúan los trabajos para abrir nuevos mercados.
«Hace 15 años que estamos luchando para que el mercado de los Estados Unidos se abra y creo que lo vamos a lograr. Las razones por las que cerró fueron fitosanitarias. Pero también estamos trabajando para ingresar a los mercados chinos e indios», manifestó Carbonell a Télam y agregó que «de todas maneras tenemos mercados insólitamente cerrados como el brasileño y el mexicano».
El área sembrada en Argentina con limoneros alcanza las 50.000 hectáreas, de las cuales el 90% se encuentra en Tucumán, mientras que el restante 10% se distribuye entre Salta, Jujuy y Corrientes, con un rinde promedio de 35 toneladas por hectárea.
La cosecha, que dura entre cuatro y cinco meses, emplea alrededor de 50.000 personas en Tucumán, el mayor generador de puestos laborales después del Estado provincial.
A su vez, existen doce industrias procesadoras (el clúster más grande del mundo) y unas 35 a 40 empacadoras, de las cuales su plantilla está compuesta en su mayoría por mujeres.
A diferencia de la gran mayoría de las economías regionales, la actividad limonera es «rentable en Argentina».
Sus costos de producción son cubiertos por el precio de compra al productor, que es de 2 dólares por maleta (20 kilos).
Según Carbonell, el éxito de este cultivo en Argentina se debe, más allá de las condiciones óptimas para su desarrollo y los recursos tecnológicos, a «la buena prensa que tiene por el lado de la salud, ya que hay cada vez más consumo de jugo», y a que «producimos solamente lo que el mercado puede absorber y a la decisión de establecer parámetros de calidad únicos para la exportación, unificados en la marca All Lemon».
Además, indicó que los precios internacionales adquirieron sostén ante las caídas de la producción en España, Turquía y Sudáfrica, que hizo menguar la oferta mundial.
Sin embargo, el presidente de la federación reconoció problemas en el sector.
«En Argentina existe una absoluta falta de financiamiento que conspira contra la competitividad, como así también el costo de los fletes», dijo.
Sin embargo, la rentabilidad del limón no acompaña al cultivo de los demás cítricos producidos en Argentina, como es el caso de las naranjas y las mandarinas.
Julio Jaime, presidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos (Fecier), indicó que «la situación del sector citrícola es mala, peor que el año pasado a pesar de las medidas» y adjudicó esto a que «el sector está desfinanciado, no hay crédito para nadie, además de que los costos de producción se han ido a las nubes».
Entre Ríos, en su corredor productivo en los departamentos de Federación y Concordia a orillas del río Uruguay, produjo el año pasado 800.000 toneladas de naranjas y mandarinas, de las cuales un 60% fueron destinadas al mercado interno, 20% a la industria y 20% a la exportación.
Los principales problemas del sector, según Jaime, corresponden a que los costos de producción no son cubiertos y a que la cadena de comercialización está desvirtuada.
«El costo de producción de citrus es de 2.500 dólares por hectárea y a eso no le estoy sumando las nuevas tarifas ni la paritaria, que todavía no cerró. El productor tendría que estar recibiendo ocho pesos por kilo, pero estamos recibiendo 2, mientras que en Buenos Aires el kilo al consumidor llega a los 40 pesos», explicó el dirigente citrícola entrerriano.
Este problema también se da con respecto a la exportación: «Argentina exporta a la Unión Europea, Rusia, Filipinas y otros países. Hay un arco enorme, por lo tanto no es un problema de mercados. Lo que pasa es que lo que paga el exportador tampoco paga el costo de producción», sostuvo Jaime.
El empresario indicó que las ventas al exterior pasaron de u$s250 millones en 2014 a sólo 120 millones en el último año, a pesar de una marcada caída de la producción a nivel mundial.
Los montes, que ocupan 60.000 hectáreas y emplean de manera directa a 10.000 personas e indirectamente a 30.000, poseen un rinde promedio de 18 toneladas por hectárea.
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