Por el aumento de los costos, la intervención del Gobierno en los mercados y una mayor presión impositiva, en síntesis, un incremento del riesgo para producir, la agricultura argentina pasó a jugar a la defensiva, con una caída del uso de tecnología alta para sus seis principales cultivos, soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada.

Cosechadoras

Entre las campañas 2010/ 2011 y 2012/2013, la aplicación de tecnología de nivel alto en el país descendió desde un 47% sobre la superficie total sembrada entre esos productos a un 37%. Por otra parte, para tomar un caso emblemático, el trigo, el cultivo que más sufrió las trabas del Gobierno, con cierres de exportaciones, es el que más emplea tecnología baja. De un 24% de tecnología baja en 2010/2011 pasó a un 36% en 2012/2013.

 

Estos datos forman parte del Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (Retaa), un informe que hizo la Bolsa de Cereales de Buenos Aires con encuestas entre 200 asesores para 17 zonas productivas y considerando 62 variables, como fechas de siembra, variedades, híbridos, tipo de manejo agronómico, hasta el uso de distintos niveles de fertilizantes, insecticidas, fungicidas, herbicidas, entre otros productos y estrategias de producción.

El trabajo de definir los niveles de tecnología se hizo asociando cada cultivo a las diferentes zonas agroecológicas y el manejo que allí hacían los productores.

En el informe sobresale la caída de la aplicación de tecnología de nivel alto, del 47 al 37%. En hectáreas, la disminución fue de 14.235.000 a 11.735.800 entre esas campañas.

«Muchos de los asesores nos dicen que esto tuvo que ver con los costos y el clima», señaló Damián Sammarro, analista de la Bolsa de Cereales porteña, que trabajó junto con Juan Martín Brihet en el relevamiento de este trabajo que se hace evaluando campañas salteadas por el tiempo que luego demora el análisis de tantas variables y datos.
Consultado, Ernesto Ambrosetti, economista jefe del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina (SRA), fue más allá: «Acá influyeron el aumento de los costos, la persistencia de la intervención en los mercados, la pérdida de transparencia por la menor competitividad, el achicamiento de los márgenes por la caída de competitividad en general, la presión impositiva y las dificultades que hubo para acceder a insumos estratégicos por las trabas a las importaciones».

Cambios

La alta tecnología se redujo en todos los cultivos. En forma paralela, hubo un desplazamiento hacia los segmentos de tecnología media y baja. En efecto, el 42% de tecnología media de 2010/2011, con 12,7 millones de hectáreas, pasó a 50% con 15,8 millones de hectáreas en 2012/2013. El nivel de tecnología baja, que era 11%, con 3,3 millones de hectáreas, en 2010/2011, trepó a 13%, con 4,1 millones de hectáreas, en 2012/2013.

Por cultivo, el trigo se llevó las de perder. De un 38% de tecnología alta disminuyó a un 28%. En tanto, de un 38% de tecnología media retrocedió a un 36%. A hoy es el que exhibe el mayor porcentaje de tecnología baja de todos los cultivos, con un 36%, contra 24% en el ciclo 2010/2011.

En soja, su 46% de tecnología alta descendió a un 35 por ciento. Mientras tanto, el maíz, el cultivo que más demanda inversión en insumos y que junto con el trigo también fue golpeado durante los últimos años por la intervención del Gobierno, de un 64% de tecnología alta cayó a un 54 por ciento.

Según el trabajo de la Bolsa de Cereales, también descendió la siembra directa. De un 94% de participación sobre el área total, disminuyó a un 92 por ciento.

Pero esta baja es relativa, ya que, si se observa que aumentó la superficie total, la siembra directa saltó de 28.482.000 de hectáreas en 2010/2011 a 29.181.000 de hectáreas en 2012/2013.

Fotos: Bolsa Cereales