Con el apoyo del INTA, un grupo de productores frutículas de Campo Grande, Río Negro, amplió sus ventas con mercados en diversas provincias, y el próximo paso será la exportación.

Federico, con una sonrisa, lustró con fuerza la manzana deliciosa de Río Negro que dejó sobre el escritorio de su maestra en un pequeño pueblo salteño. Esa escena es gracias a un grupo de fruticultores de Campo Grande, en el Alto Valle argentino, que se juntaron, de la mano del INTA, para incrementar las ventas, mejorar empaques y su conservación: valor agregado indispensable para crecer.
Hugo Abojer, impulsor del proyecto, destacó que actualmente Fruticultores de Campo Grande cuenta con “ocho cámaras frigoríficas con atmósfera controlada para el cuidado de manzanas, peras, ciruelas y cerezas de los productores de la zona. Además, estamos en pleno desarrollo de un galpón de empaque”.

En Campo Grande hay 10 mil vecinos de los cuales 150 son fruticultores –el 80% son pequeños y medianos– que junto al INTA armaron un proyecto para constituirse en un grupo de trabajo que hoy vende sus productos fuera de los límites de la provincia. Buenos Aires, Salta y Mar del Plata son algunos de los destinos. Y la exportación es el destino al que buscan llegar.

Soledad Urraza, del INTA Alto Valle, explicó que en diciembre de 2007 se constituyó formalmente, con veinte socios, la Cooperativa Frutihortícola Campo Grande de Río Negro Limitada.

“La necesidad de unirse –recordó Urraza– surgió cuando las empresas empacadoras cortaron la cadena de pago a los pequeños y medianos productores, y el precio ofrecido por la fruta no alcanzaba a cubrir los costos de producción. Así se dio el primer paso de una larga marcha que comenzó con la propuesta de prescindir de las empacadoras y evitar la situación que año a año se repetía”.

Los registros de la cooperativa indican que el inicio de actividades durante la primera temporada implicó un importante aporte económico de los socios de la cooperativa para contratar el servicio de electricidad, el autoelevador, envases bins y personal de trabajo.

Además de los socios, la cooperativa sumó nuevos usuarios. Abojer agregó que “en la segunda temporada de cosecha, el frigorífico abrió sus puertas con 8 cámaras, adquirieron un autoelevador y los bins necesarios para conservar cerezas y pera williams previo al ingreso de manzanas”.

Hoy debido a la unión, el tesón y el asesoramiento técnico y administrativo que tiene del INTA, es que los socios de la cooperativa están seguros que en breve habrá otros Federico que alrededor del mundo le dejarán a su maestra una manzana deliciosa de Alto Valle sobre su escritorio.

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