El establecimiento “La Susana” en Navarro –Buenos Aires– aplicó una tecnología agrohidrológica y resolvió los constantes problemas de anegamiento producto del exceso hídrico.

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El trabajo “Las secas y las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires” del sabio naturalista Florentino Ameghino fue la piedra angular de la implementación de una tecnología agrohidrológica tendiente al ordenamiento y manejo del recurso hídrico. Hoy, 100 años después, esta técnica sigue vigente en el establecimiento “La Susana” en Navarro, Buenos Aires.

Para Gerardo Reinoso –administrador del campo– la agrohidrología fue la clave para solucionar los serios problemas de anegamiento que tenían: “Antes de la obra, con 40 milímetros de agua de lluvia diaria, teníamos un anegamiento por tres semanas de entre el 25 y el 30 por ciento del campo sobre un total de unas 900 hectáreas”.

“Hoy, contamos con tres circuitos hidrológicos funcionales e integrados con los caminos y pasos de agua que drenan el agua en no más de 4 días y el campo aguanta hasta 120 milímetros de agua de lluvia en un día, sin problemas”, explicó el administrador de “La Susana”.

Y recalcó que, si bien los vecinos –en un principio– estaban preocupados por la obra, en la actualidad son también beneficiarios de esta tecnología. “Ojalá fuésemos más los que la implementásemos a fin de lograr que el agua se vaya rápido de los campos”, señaló.

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Difundida desde hace 60 años por el INTA, la agrohidrología es una tecnología que incide directamente en la mitigación de las inundaciones y sequías de la región pampeana, que llevan a la salinización de los suelos, y establece un marco hídrico apropiado para acumular los excedentes de agua en los sectores menos productivos.

“Esta técnica considera que el agua de lluvia debe ser aprovechada donde cae y manejada de acuerdo al relieve en los períodos invernales de excesos, almacenando dichos excedentes para la época deficitaria de verano”, señaló Francisco Damiano, especialista en manejo agrohidrológico y coordinador de Integrador del Programa Nacional Agua del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar.

De acuerdo con Damiano, primero “es necesario identificar circuitos hidrológicos para encauzar y almacenar las aguas internas generadas dentro del sistema y conducir y reducir el impacto de las aguas generadas en posiciones externas o superiores del relieve, agregándolas al volumen del almacenamiento superficial remanente o en embalses rurales”.

Para el manejo del agua en el lote es necesario “diseñar un circuito hidrológico que delimite en el terreno la partición de las aguas entre externas e internas”, indicó Damiano y agregó: “Para la identificar los escurrimientos se definen las unidades de ambiente que enmarcan las áreas de aportes a cada plano deprimido (bajos y lagunas) existentes”.

En el caso del establecimiento “La Susana” el proyecto conto de tres partes: la factibilidad agrohidrológica (a través de una descripción del mapa de riesgo hídrico), diseño agrohidrológico funcional (con circuitos hidrológicos y tipo de obras estrucutrales, captación, conducción, retención y regulación con alcantarillas, vertederos y tubos compuertas) y el replanteo a campo con equipos topográficos y su construcción.

La adopción de esta metodología es paso previo necesario para la realización de prácticas de mejoramiento y remediación de suelos y adaptación de especies nativas e implantadas. Además, “brinda al productor mayor seguridad para planificar nuevas actividades culturales y vegetativas en áreas protegidas y hacer inversiones con el fin de obtener el máximo aprovechamiento de los recursos naturales y rentabilidad agropecuaria”, aseguró Damiano.