
El secretario de coordinación de Federación Agraria Argentina, Juan Carlos Herrero, disertó el miércoles 4 en la jornada “Encuentro por la ley de semillas: qué opina cada sector” organizada por ArgenEtica, en la Biblioteca Nacional.
“En estos tiempos se habla de montos de producción monstruosos a los que vamos a llegar, como las 160 millones de toneladas de las que habla el PEA. Pero no aluden a la gente, a los productores, ni mencionan a quienes se quedan en el camino ni a las miles y miles de taperas que hoy están en los campos y que alguna vez fueron el sueño de mucha gente, que con mucho esfuerzo pudo hacerse esas casas, en terrenos que para esta agricultura industrial son pequeños. Ahora eso está vacío, y sus hijos fueron expulsados, con suerte, a las universidades, y otros a los cinturones de pobreza de las grandes ciudades. Esta agricultura industrial no contempla para nada la existencia de productores”, señaló Herrero.
“De hecho, en este encuentro alguien dijo que ‘ya productores no hay más, que hay empresarios’. Eso es claramente la agricultura industrial que trae desocupación, porque se pierden miles de puestos de trabajo, y destruye los campos pequeños que son los que permiten que haya diversidad biológica y garantía de proveer a la mesa de los argentinos de distintos productos. Si dejamos que siga avanzando la agricultura industrial, muy pocos van a ser los que con la semilla en la mano van a decir qué podremos sembrar y, por ende, qué podremos comer los argentinos. Esto no se puede soslayar atrás de una discusión solamente productivista”, dijo el federado, que compartió panel con el diputado Luis Bazterra, con Esteban Espejo de Lealsem y con Edgardo Grunfeld de Canpo.
“Esta ley actual no es mala -porque con ella hemos superado los 100 millones de toneladas de producción y se ha podido seguir avanzando en numerosos eventos biotecnológicos-; lo que falta es la participación decisiva del Estado. El Inase tiene que tener un enorme poder de policía para terminar con las bolsas blancas, que claramente benefician a quienes siembran miles de hectáreas. El derecho al uso propio, que es un derecho y no una excepción, debe seguirse manteniendo, porque es lo que ha permitido que todavía queden algunos pequeños y medianos productores. Debemos preguntarnos: ¿Por qué ahora alguien está pensando que tenemos que quedarnos en manos de dos o tres que distribuyan la semilla? Claramente porque se agrandó el negocio, y llamemos a las cosas por su nombre: ésto es un negocio. No lo escudemos atrás de la necesidad de una enorme producción que debemos alcanzar, porque realmente con estas condiciones también la podemos lograr. Nosotros reclamamos políticas públicas para que los pequeños y medianos productores puedan seguir estando”, enfatizó Herrero.
“Este es un país que tiene una gran variedad genética. ¿Por qué vamos a perder los logros obtenidos? ¿Por algunos negocios? El avance del monocultivo se está llevando todo, no lo ve nadie? ¡Ya no hay trigo ni maíz!; porque no son negocio como la soja. Por eso creemos que es muy importante que haya políticas públicas diferenciadas, para permitir que haya pequeños y medianos productores, economías regionales, que no pueden seguir siendo avasallados por el monocultivo o la concentración. Si no se aplican leyes que nos defiendan, no habrá diversidad de productores ni diversidad productiva. Por último, pido que si tocan la ley se acuerden del Martín Fierro cuando decía: ‘la ley es como el cuchillo, no corta a quien la maneja’, hagamos una ley para los argentinos y los productores, y no al servicio de las multinacionales” subrayó Herrero.
Sobre las reuniones que se realizaron para avanzar en la redacción de una nueva ley de semillas
“Durante bastante tiempo participamos de las reuniones que se estaban haciendo en pos de redactar una nueva ley de semillas, y un buen día dijimos que ‘ésto no nos sirve, porque va para otro lado y nosotros no queremos ser participantes de lo que va a salir de acá’; por eso dimos un portazo y nos fuimos. Y la realidad mostró que esa decisión era correcta. La FAA es una organización que tiene 101 años y que nace al calor de la pelea de los pequeños arrendatarios contra esa enorme exacción que les estaban haciendo los sectores oligárquicos dueños de la tierra en la Argentina, que era transformar a esos agricultores en verdaderos esclavos modernos, porque esta era la realidad. Sin tiempo para quedarse en la tierra, en condiciones leoninas de contrato y entregando la semilla donde el dueño del campo decía. Eso está volviendo a pasar. Hay contratos privados en los que se establece que hay que entregar donde el semillero dice, y no debería ocurrir”, dijo Herrero.
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