Alejado de su naciente en la Cordillera de los Andes y previo a perderse entre las aguas del Mar Argentino, el río Colorado recorre el sur de Buenos Aires y genera un valle de 500 mil hectáreas en los partidos de Villarino y Carmen de Patagones, próspero para el desarrollo agropecuario. Con clima templado y 140 mil hectáreas bajo riego, la producción de papa busca su lugar y hoy ocupa más de 180 hectáreas en la zona.

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Especialistas del INTA Hilario Ascasubi caracterizan diferentes variedades aptas para la zona y recomiendan la adopción de este cultivo como alternativa de diversificación. Además, proponen incluirlo en la rotación, luego de cereales de invierno, pasturas y cebolla.

De acuerdo con las estadísticas, la última campaña alcanzó una superficie sembrada de 180 hectáreas y marcó un aumento del 96 % respecto del período anterior. “En estos años, la disminución de calidad de la cebolla como consecuencia de enfermedades bacterianas afectó su rentabilidad –sobre todo, por caída de precios y exceso de oferta– e incentivó el incremento de la papa”, explicó Paolo Sánchez Angonova, del INTA Hilario Ascasubi, quien señaló el potencial del cultivo entre los productores interesados en diversificar la oferta.

En cuanto a las ventajas comparativas del valle, el técnico resaltó que es posible minimizar los costos de producción en comparación con otras zonas paperas, gracias a “la menor aplicación de plaguicidas, el acceso a un riego económico y la existencia de un mercado potencial a principios del verano y fines del invierno”.

“La papa tiene menor cantidad de riegos: entre 10 y 15 riegos por gravedad de 70 a 80 mm, respecto de la cebolla que requiere entre 20 y 22 de 80 a 100 mm”, calculó Sánchez Angonova. En relación con el mercado, apuntó: “Los precios por bolsa son promisorios en la zona, con posibilidad de venta local, regional y a países del Mercosur”.

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Puesta a prueba

Pese a que hay diferencias de zona en zona, en la geografía del valle –influenciada por los movimientos históricos del río Colorado– predominan los suelos arenosos con niveles de materia orgánica de entre 0,5 y 2 % y buena profundidad –hasta un metro–.

Durante las últimas dos campañas, el INTA impulsó ensayos de cultivares en campo de productores, que aplicaron nivelación laser en las parcelas para optimizar los sistemas de riego por gravedad. Las variedades puestas a prueba fueron adquiridas en un semillero de Mar del Plata certificado por el INASE.

En cuanto a los resultados obtenidos, Sánchez Angonova describió que “las variedades Atlantic, Kennebec, Asterix, Innovator y Spunta son aptas productivamente para la zona, aunque sus rendimientos cambian entre los cultivares”. Por su parte, ponderó que “la calidad lograda es muy buena, porque los tubérculos no salen con tierra adherida y su limpieza es sencilla: basta con un cepillado, clasificado y embolsado”.

Además, indicó que “los frutos poseen muy buena forma, bajos defectos y muy poco descarte” y adelantó que, en la próxima campaña, se evaluarán dos variedades más para llevar a cabo análisis de comparación: Pampeana INTA, desarrollada por el instituto, y “Daifla (Germicopa)”, introducida desde Francia por un semillero argentino.

También se realizan cuatro ensayos experimentales para evaluar diversas alternativas de manejo como curasemillas, herbicidas, fertilización y adaptación de variedades, cuya información luego es transferida a los productores. De igual modo, se estableció el trabajo conjunto con el Programa Nacional Propapa del INTA Balcarce.

“La papa era un cultivo histórico en el valle, en los 70 se la conocía como ‘papa de Luro’ y ocupaba hasta 1.200 hectáreas”, recordó Julián Pérez Pizarro, especialista de la misma unidad del instituto, quien explicó: “La estrategia actual es reflotar el cultivo con nuevas variedades que permitan obtener mayor calidad, mejores rendimientos y una entrada anticipada al mercado –entre fines de diciembre y principio de enero–“.

De acuerdo con Pérez Pizarro, “los mejores rendimientos fueron para las variedades Asterix e Innovator, entre 35 y 47 toneladas por hectárea con buen manejo agronómico y de insumos” y reconoció la posibilidad de “hacer ‘papa blanca’ de calidad con una buena clasificación en bolsas de 20 a 25 kg”. Asimismo, se destacó la productividad de los cultivares Atlantic y Kennebec, con un promedio de 20 a 35 toneladas por hectárea.

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Beneficiosa para la rotación

Según la clasificación técnica, la papa es una especie de la familia de las solanáceas, junto con el tomate, el morrón y la berenjena. Durante la cosecha, los tubérculos que se recolectan pueden ser de cáscara lisa a rugosa y su coloración puede variar entre las tonalidades morada, beige y amarilla.

Más allá del tipo, todas cumplen una misma lógica agronómica. “El aporte más interesante de la papa a los esquemas de rotación es la liberación rápida de los lotes –de tres a cuatro meses para las variedades Atlantic y Kennebec–, sumado al control integral de las malezas que se realiza durante el ciclo de cultivo”, señaló Pérez Pizarro.

Asimismo, “incrementa el dinero del productor durante los meses en los que no hay cebolla para vender y favorece la incorporación de distintos nutrientes como sulfatos de potasio, calcio y magnesio, nitrato de calcio, etc.”, añadió el especialista del INTA.

De igual modo, detalló que el cultivo de papa permite “incorporar a la rotación cultivos como trigo, cebada, centeno, maíz y sorgo y disminuir el avance de algunas enfermedades como la carbonilla de la cebolla (Aspergillus niger), el mildiu (Peronospora destructor) y la raíz rosada (Phoma terrestris)”. “Aunque el laboreo del suelo se incrementa, contribuye a degradar el piso de arado por medio del cincelado”, observó.

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Con los pies en el valle

“La cebolla es el principal cultivo que aporta al producto agropecuario regional, seguida por la ganadería, las semillas, los granos y otras producciones como el tambo, las hortalizas y la apicultura, etc.”, describió Daniel Iurman, coordinador del Proyecto Regional con Enfoque Territorial “Proyecto de gestión de la acción institucional en el territorio Valle Bonaerense del río Colorado”, donde se enmarcan los ensayos.

Los trabajos cuentan con el apoyo del Proyecto PROFAM “Diversificación productiva y mejoramiento de los canales de comercialización de los productores familiares del Valle Bonaerense del río Colorado”. “Ambas herramientas institucionales promueven la diversificación productiva, el agregado de valor, los procesos comerciales y la experimentación en campos de productores”, precisó Iurman, quien también valoró el aporte del Programa Nacional de Horticultura en investigación y provisión de información primaria.

Con una superficie ocupada de entre 9.000 y 12.000 hectáreas, los destinos de la producción de cebolla son –sobre todo– el mercado interno y la exportación a Brasil. “Es un cultivo que genera encadenamientos productivos virtuosos hacia atrás y hacia adelante, así como mucho trabajo en esta región”, aseguró el especialista.

No obstante, remarcó: “Desde el INTA, siempre se propicia la búsqueda de producciones alternativas, ya que el cultivo suele estar expuesto a altibajos de precio”.