En un contexto de emergencia, desde el INTA recomiendan prácticas fundamentales como el reajuste de carga y del manejo del pastoreo, priorización de categorías y combinación con los recursos forrajeros disponibles. Prácticas fundamentales para reducir las pérdidas.

Las intensas precipitaciones registradas en las dos primeras semanas del año generaron excesos hídricos superficiales que ponen en riesgo los cultivos y el ganado de la zona. En este contexto de emergencia agropecuaria, los especialistas del INTA dan una serie de recomendaciones para reducir el impacto y minimizar las pérdidas.
Para Osvaldo Balbuena –especialista en alimentación y manejo de ganado del INTA Colonia Benítez, Chaco–, “el contexto amerita realizar un ordenamiento de los rodeos de cría buscando evaluar el estado corporal, especialmente en vacas paridas, y determinar la edad aproximada de los terneros al pie de la madre”.
“Esto permitirá tomar decisiones como, por ejemplo, un destete precoz, práctica fundamental en esta época de emergencia”, indicó.
Y destacó que “la herramienta más efectiva disponible es la separación de los terneros, posibilitando que se los alimente correctamente y se los cuide en superficies accesibles y reducidas, al mismo tiempo que se logra una disminución de los requerimientos nutricionales de las vacas”.
“Para el rodeo en general, es importante utilizar los potreros bajos, mientras se pueda, a fin de reservar las partes más altas para cuando se inunden completamente los potreros bajos”, indicó Balbuena quien también recomendó que, en el caso de contar con reservas forrajeras, hacer un inventario a fin de determinar, con anticipación, las necesidades de compra.
En todos los casos, consideró “muy importante” consultar con su veterinario o extensionista la necesidad de administración de antiparasitarios y vacunas.
En cuanto a la alimentación durante la emergencia, Balbuena recomendó implementar alternativas como los granos y subproductos de la agricultura y de la agroindustria. A su vez, se refirió a la posibilidad de aplicar una alimentación de supervivencia entre 60 y 90 días en los que se pueden reducir en un 20 % los requerimientos de mantenimiento.
“Si se debe restringir a niveles de supervivencia, sugiero comenzar por las vacas vacías y novillos. En los animales en crecimiento se puede llegar a niveles de mantenimiento eventualmente a restricción, pero por poco tiempo”.
En cuanto al manejo del pastoreo en lotes sin piso, Balbuena indicó que para aquellas situaciones en las que es inevitable esta situación es necesario agrupar a los animales por categorías, peso vivo o estado fisiológico para definir estrategias de alimentación según requerimientos y objetivos de producción.
De acuerdo con el especialista, “es importante hacer una estimación del forraje disponible, utilizando la relación entre altura y la cantidad de pasto, expresado en kilogramos de materia seca (kg MS/ha)”.
Los especialistas coinciden en que frente a una emergencia resulta útil contar con información simplificada de las posibilidades de sobrevivencia y/o probabilidad de mortandad de los animales. “Las vacas con un 99 % de chances de sobrevivir son las vacías y en buen estado, mientras que las de un 10 % de supervivencia son las que entran a la emergencia con preñez avanzada y muy flacas.
“La explicación de estos dos casos extremos está en los requerimientos de alimentación: mientras la vaca vacía en buen estado sobrevive con sus reservas corporales y con poco alimento, las vacas con preñez grande pronto parirán y aumentarán fuertemente sus requerimientos nutricionales para producir leche. Además, no tendrán reservas corporales, al estar muy flacas”.
La sanidad animal, un factor clave
María Victoria Rossner –responsable de sanidad animal del INTA Colonia Benítez, Chaco– reconoció que los rodeos bovinos localizados en campos inundados sufren los efectos del estrés producido por el hacinamiento y las deficiencias nutricionales, el transporte o los cambios de campo, entre otros.
“Esta suma de hechos produce un medio favorable para la difusión de enfermedades infecciosas, parasitarias, metabólicas y tóxicas”, advirtió, para quien resulta “fundamental” encarar medidas preventivas para evitar que aumenten los casos de animales enfermos y/o muertos.
En todos los casos debe mantenerse, e incluso reforzar, el plan sanitario recomendado por SENASA, el INTA y los profesionales veterinarios privados competentes. Además, se recomienda realizar recorridas más frecuentes en los potreros, a fin de detectar precozmente la aparición de algún problema sanitario o animales débiles y enfermos.
“No existe un Plan Sanitario único”, aseguró Rossner quien indicó que “deben adaptarse a cada establecimiento”. De acuerdo con la investigadora, “los criterios para su elaboración permiten tomar decisiones adecuadas en tiempo lugar y forma, mientras que el asesoramiento veterinario permite realizar un plan racional apropiado en cada situación”.
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