Con la implementación del rolado selectivo de baja intensidad (RBI) se obtienen ventajas como el bienestar animal y el incremento en la oferta forrajera. Manejo eficiente y rentable de la producción ganadera y forestal.

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En los últimos 50 años, los seres humanos transformaron los ecosistemas para abastecer la demanda creciente de alimento, agua dulce, madera, fibra y combustible. La presión ejercida por el hombre sobre las funciones naturales de la Tierra ha sido tan desmedida que, de acuerdo con un informe de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EM), ya no se puede asegurar que puedan mantener la capacidad de sustentar a las generaciones futuras.

Se necesitará otro medio siglo para revertir el daño ocasionado. Así, mediante un cambio sustancial de paradigma se podrá equilibrar el desarrollo económico con la naturaleza y demostrar que –a pesar de los prejuicios– ser productivo y sustentable, es posible.

En la región Chaqueña, el desafío ya está planteado: lograr una producción ganadera y forestal sostenible en los ecosistemas naturales de la región. Para ello, los especialistas del INTA subrayan la necesidad de revertir los cambios en la vegetación original ocasionada como consecuencia de décadas de sobrepastoreo, exceso de fuego y sobreexplotación.

En este sentido, Hugo Fassola –coordinador del Programa Nacional Forestales del INTA– ponderó los sistemas silvopastoriles y los consideró “la mejor alternativa para generar un mayor confort animal y fijar carbono protegiendo el suelo, manteniendo otros servicios del bosque” frente a un escenario en el que el cambio climático impactará cada vez con mayor fuerza.

Para controlar las abundantes leñosas arbustivas presentes en toda la región, los técnicos proponen instalar sistemas silvopastoriles, a partir de la aplicación del Rolado Selectivo de Baja Intensidad (RBI). Se trata de una propuesta tecnológica del INTA que, mediante el corte y el aplastamiento del estrato arbustivo, genera un ambien­te accesible y amigable para el rodeo y la actividad forestal.

“Las leñosas del Chaco –especialmente las arbustivas– están adaptadas a los disturbios debido a un importante banco de yemas basales, y su manejo requiere de técnicas de baja intensidad”, comentó Sandra Bravo, profesional de la Facultad de Agronomía y Agroindustrias y de Ciencias Forestales (FCF) que estudia la arquitectura y hábitos de crecimiento de las leñosas chaqueñas, información clave para generar tecnologías apropiadas.

Esta tecnología es producto de un trabajo conjunto del INTA con la Cátedras de Microbiología Agrícola y Ecología; y de Botánica General de las Facultades de Agronomía y Agroindustrias y de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero.

Una tecnología, infinitos beneficios

El RBI presenta numerosas ventajas para la producción ganadera y forestal. Entre las más destacadas se encuentra el mejoramiento de la humedad del suelo y el acceso a la luz natural. Esto facilita la germinación de pastos nativos y la siembra de otras especies, lo que impacta en el incremento de la oferta forrajera.

“El rolado reduce el volumen de las leñosas arbustivas y estimula el crecimiento de las gramíneas forrajeras porque disminuye la competencia interespecífica”, detalló Carlos Kunst –técnico del INTA Santiago del Estero– quien, además, aseguró que “luego de aplicar el RBI, la oferta de fo­rraje puede superar el 200 % en especies nativas y hasta el 500 % si se siembra Gatton panic o Green panic”.

Y agregó: “Este incremento disminuye el número de hectáreas necesarias para mantener un animal –se pasa de entre 12 y 15 hectáreas a entre 2 y 5– lo que aumenta la rentabilidad de los establecimientos”. EL RBI es una tecnología que impacta directamente sobre la oferta de alimento, la clave de la producción animal.

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Asimismo, aumenta la accesibilidad al potrero lo que permite un manejo más eficiente del rodeo. “Es muy importante poder ver la hacienda y recorrer el campo a fin de identificar patrones y hábitos de pastoreo, como así también supervisar la sanidad de los vientres y terneros”, detalló Navall.

Entre las ventajas de RBI también se destaca el mínimo impacto de la tecnología sobre los árboles y, así, aprovechar su capacidad de generar un microclima que reduce la temperatura en las horas críticas del verano, lo que contribuye al bienestar animal y a la eficiencia productiva.

“Las temperaturas extremas percibidas en la re­gión Chaqueña pueden afectar la productividad y el confort animal bajo condiciones de campo abierto. Este estrés térmico impacta en el consu­mo de alimento que se traduce en un menor aumento de peso diario”, explicó Roxana Ledesma, técnica del INTA Santiago del Estero.

En referencia al manejo forestal, el especialista ponderó la técnica RBI porque “permite manejar la competencia entre los árboles más grandes y de los más pequeños con los arbustos, al tiempo que asegura la persistencia de las poblaciones forestales y facilita su recuperación”.

Asimismo, la RBI colabora con la biodiversidad al mantener o recuperar la diversidad de hábitats de fauna. “Es recomendable que en el lote queden isletas de vegetación, ya que estos lugares suelen ser abrigos para los animales y la fauna”, indicó el especialista.

Seleccionar para ser más eficientes

Los potreros no son todos iguales. Para reconocer la heterogeneidad del ambiente se requiere un mapeo o sectorización del campo en sitios ecológicos que detalle la existencia de pendientes, tipo de suelos y vegetación existente.

Para ello, es fundamental realizar recorridas que nos permitan recolectar información con la cual armaremos un balance fo­rrajero y un inventario forestal. De este modo, podremos realizar una planificación de las características del RBI que se realizará en el campo, como ser la intensidad, se­veridad y frecuencia.

“Para facilitar esta tarea, el INTA desarrolló una aplicación para dispositivos móviles –llamada SilvoINTA– que permite registrar datos forestales y consultar los resultados acumulados en forma inmediata desde el lugar del relevamiento”, aseguró Navall.

¿Se debe remover toda la vegetación leñosa? Según los técnicos, es un error considerarla como enemiga ya que ofrecen numerosas ventajas tanto para la actividad ganadera como para el ambiente, en general.

Para Navall, erradicarla por completo implica un cambio “demasiado drástico” para el ecosistema ya que se remueve la principal fuente de materia orgánica, básica para el ciclado de nutrientes.

Es que tanto los arbustos como los árboles son una fuente permanente de materia orgánica y nu­trientes, a partir de su hojarasca y ramas. Además, sus frutos y sus hojas son fuente de proteína que, al reverdecer antes, ofrecen alta calidad de alimento a la salida del invierno.

‘El mantenimiento de la cobertura de árboles y arbustos y el aporte de hojarasca son fundamentales para mantener características del suelo compatibles con la producción de pasturas y carne’, señaló Ada Albanesi, responsable de la cátedra de Microbiología de la Facultad de Agronomía y Agroindustrias de la UNSE.

Por tratarse de especies nativas –y no de malezas, en el sentido estricto del con­cepto agronómico– forman parte de ecosiste­ma, representan una parte del hábitat de la fauna y son un componente importante de la diversidad.

“Además, crean un ambiente amigable con los animales que pastorean, y reducen el stress causado por las altas temperaturas y poca sombra”, explicó.