El girasol históricamente había participado en las rotaciones de los productores de la Zona Núcleo, pero en los últimos 15 años fue perdiendo protagonismo hasta casi desaparecer.

Su lugar quedó limitado a las zonas tradicionales, generalmente ubicadas en la periferia, en las que siempre mostró muy buenos rendimientos. Ahora el mapa de las zonas girasoleras parece estar expandiéndose nuevamente, ya que se observa una presencia cada vez mayor del cultivo en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
El girasol había sido desplazado de la Zona Núcleo porque su relación costo-beneficio se veía afectada por tres razones principales: la tendencia al vuelco, la incidencia de enfermedades y la alta presencia de pájaros que se alimentaban de sus semillas.
La mejora genética de los híbridos hizo que ahora tengan mayor resistencia al vuelco y a las enfermedades y que, a su vez, las plantas tengan una decumbencia más pronunciada, dejando a las semillas de su capítulo fuera del alcance de las aves. Esto propició que, ante un mercado internacional más favorable y una tendencia a esquemas con mayor rotación, el girasol vuelva a formar parte de los planteos agrícolas de muchos de los productores del centro de la Pampa Húmeda.
Además, las nuevas tecnologías de control de malezas que incorporan las semillas de última generación han permitido lograr, con gran simplicidad, cultivos libres de gramíneas de gran persistencia, como capín y alepo, entre otras malezas.
“El mejoramiento que se ha logrado en el girasol es impresionante. Contar con híbridos con excelente sanidad y tolerancia a diversas variables que antes los afectaban es un gran cambio y los productores comenzaron a tomar nota, pidiendo información sobre nuevos híbridos, así como también recomendaciones en base al paquete tecnológico del cultivo.”, afirma Eduardo Mancuso, Gerente Regional de Zona Núcleo de NK Semillas.
Y todo indica que el interés continuará aumentando ya que, además de la mayor resistencia a las amenazas externas, los suelos de calidad contribuyen a crear las condiciones para que la genética de los nuevos materiales pueda expresarse en todo su potencial, alcanzando rendimientos muy por encima de la media.
“Hoy en un buen lote de Zona Núcleo se pueden esperar rendimientos a cosecha de 40 quintales + 20 por ciento de bonificación por materia grasa por hectárea que, en un contexto de buenos precios como el actual, se traduce en un combo de muy buena rentabilidad para el productor, razón por la cual creemos que el girasol aún tiene mucho por crecer en la región”, señala Andrés Caggiano, gerente de Desarrollo de Producto Maíz y Girasol de NK Semillas.
Por otra parte, un beneficio adicional de este cultivo es su buena tolerancia al estrés en años Niña y una duración de ciclo más corta, característica que le permite liberar los lotes más temprano para implantar verdeos o cultivos de invierno. Por todas estas razones, muchos productores están revalorizando al girasol y comenzaron a verlo como una alternativa muy atractiva en reemplazo de la soja para sus estrategias productivas.
Los datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca confirman el aumento en la superficie sembrada con girasol en varias localidades de la Zona Núcleo. Si se compara, por ejemplo, la última siembra con la de la campaña 2018/19, en San Jerónimo, Santa Fe, se registró un incremento de 30%; en Marcos Juárez, Córdoba, la suba fue de 51%; en tanto que, en la provincia de Buenos Aires, General Villegas mostró un salto de 167% y Chacabuco de 250%.
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