Con un rendimiento de casi 20.000 kilos por hectárea, se caracteriza por estar listo para la cosecha hasta 40 días antes. Además expande la frontera de cultivo porque se adapta a la zona de Cuyo y al centro y noreste del país.

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Especialistas del INTA desarrollaron una nueva variedad de ajo colorado que se destaca por el carácter temprano de su cosecha y por su rendimiento a escala comercial, el cual asciende a 19.300 kilos por hectárea. La producción de ajo representa más de 500 millones de dólares en la cadena agroalimentaria y agroindustrial, y posiciona a la Argentina como el segundo país exportador mundial con un saldo de divisas superior a los 100 millones de dólares.

“Hasta el momento, no existían en el país cultivares de ajos colorados de cosecha temprana y con altos rendimientos comerciales”, afirmó José Luis Burba, técnico del INTA La Consulta –Mendoza–, quien además remarcó: “Este nuevo cultivar no sólo permite ampliar la frontera agropecuaria de cultivo, sino también el cronograma de cosechas y exportaciones”.

Esta variedad, denominada “Coral INTA”, podría ser cultivada en los valles precordilleranos de Cuyo y en los ambientes serranos del centro y noreste argentino. “Se trata de una planta medianamente vigorosa que produce bulbos de medianos a grandes”, especificó, al tiempo que señaló que la fecha estimada de cosecha ronda el 18 de Noviembre.

Respecto de las ventajas, aseguró que este cultivar, cuya producción está dirigida –sobre todo– al consumo directo, “permite anticipar el ingreso en el mercado entre 30 y 40 días en comparación con los cultivares de ajo colorado tardíos”. Además, debido a la fecha temprana de cosecha, facilita racionalizar el uso de las cosechadoras mecánicas.

Asimismo, Burba destacó la importancia de llevar a cabo investigaciones de mejoramiento genético que permitan la obtención de nuevos cultivares de ajo, en tanto se trata de un cultivo cuya mejora no se realiza por medio de los métodos convencionales. “Por su estricta multiplicación agámica, no es posible obtener mejoras a través de las hibridaciones convencionales”, explicó.

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Cómo se logró

La investigación comenzó con la introducción de poblaciones clonales de origen subtropical, las cuales fueron multiplicadas y analizadas con el fin de determinar el comportamiento agronómico y comercial. “De las 455 familias seleccionadas en 2005, luego ese número se acotó a 30 en 2009 y culminó con la identificación de dos subtipos con 68 familias en 2013”, observó.

A partir de ese proceso, durante este año, se recuperaron las mejores muestras y se evaluaron en el marco del Proyecto Ajo del INTA hasta obtener el nuevo cultivar. Recientemente la variedad fue inscripta en el Instituto Nacional de Semillas –INASE– y se encuentra en etapa de multiplicación, aunque es posible obtener pequeños volúmenes de semillas a través del INTA La Consulta.