Un equipo de investigadores del INTA Hilario Ascasubi –Buenos Aires– diseñó una máquina para la siembra directa de cucurbitáceas. Minga Special-02 completa el paquete tecnológico conservacionista diseñado para la producción hortícola. Ensayos demostraron que, en algunos casos, se duplican los rindes de zapallo ‘anquito’, se reducen las tareas de laboreo y se ahorra combustible y agua de riego. Minga Special-02 es fabricada y multiplicada por la empresa Domingo Abbadie, de Marcos Juárez, Córdoba.

En la Argentina, la producción de zapallos y otras cucurbitáceas ocupan cerca de 45.000 hectáreas. Una de las zonas hortícolas más importantes del país, es el valle bonaerense del Río Colorado (VBRC). Allí, en casi 20.000 hectáreas se produce ajo, zapallo y se concentra gran parte de la producción de cebolla, que abastece el 80 % del consumo nacional y las exportaciones de este rubro.
Juan Pablo D´Amico, especialista del INTA Hilario Ascasubi –Buenos Aires– y desarrollador de la sembradora, destacó que la incorporación de la labranza cero a la producción de ajo, cebolla y zapallo es un gran aporte para la conservación del suelo. “Diseñamos una máquina para la siembra directa de zapallo”, indicó y agregó: “Tener el fierro hoy en el campo fue posible gracias al apoyo de un fabricante de la localidad de Marcos Juárez, Córdoba, que la materializó”.
Técnicamente, Minga Special-02 es una sembradora de granos gruesos con fertilización en la línea de siembra que cuenta, además, con el sistema colocador de cinta de riego por goteo. “La primera versión que presentamos es de una línea de siembra y cuenta con dosificación neumática por succión mediante un sistema de aspiración de accionamiento eléctrico”, describió D´Amico quien agregó que el equipo cuenta con enganche de tres puntos y se adapta perfectamente a explotaciones de escala hortícola.
Con este equipo se completa el paquete tecnológico conservacionista diseñado para la producción hortícola, que incluye: la producción sobre un suelo cubierto de material vegetal y sin laboreo y el riego por goteo.
Los sistemas productivos convencionales de hortalizas pesadas se caracterizan por la alta frecuencia e intensidad de laboreo con prácticas enfocadas, sobre todo, en la preparación del suelo para la siembra y el control de malezas. “Este desarrollo permite reducir las tareas de laboreo, ahorrar combustible y hacer un uso más eficiente del agua”, señaló D´Amico.
En cuanto a las especificaciones técnicas, el investigador del INTA explicó que posee un tren de siembra, abresurco de doble disco con doble rueda limitadora de profundidad de siembra, rueda compactadora semilla suelo y carro tapador con doble rueda de goma y disco escotado.
“La dosificación de semilla es neumática y posee un dosificador de fertilizante tipo Chevron”, describió D´Amico y añadió: “El dispositivo distribuidor de cinta de riego cuenta con porta-bobina y una púa con regulación en profundidad que permite su colocación desde el nivel superficial, sub-superficial o subterráneo hasta los 25 centímetros”.
Resultados preliminares
Desde hace cuatro años, D´Amico enfoca sus experimentos en determinar la viabilidad de la siembra directa sin labranza previa, ajustar la práctica de manejo y analizar comparativamente la eficiencia en el uso de los insumos que más repercuten en la rentabilidad del cultivo.
“Los resultados siempre fueron muy promisorios”, afirmó el especialista del INTA quien analizó que nunca observaron limitantes para el cultivo atribuibles a la practicas de la labranza cero.
De acuerdo con D´Amico, los resultados obtenidos permiten asegurar que la labranza cero es factible en cultivos de cucurbitáceas. “No caben dudas de que su aplicación incrementa sustancialmente la eficiencia en el uso de los principales recursos y mejora notablemente la renta, a la vez que, reduce la huella ambiental de la actividad.
El cultivo de hortalizas pesadas demanda recursos, tiempo e insumos. Gracias a la incorporación de tecnología adaptada a la actividad, es posible producir de manera más eficiente. De hecho, resultados preliminares demostraron que el zapallo “anquito”, con riego por goteo, rindió unos 50.000 kilos por hectárea.
En comparación con la mejor condición productiva de la zona con labranza convencional, el cultivo requirió sólo el 35 % de las labores, el 50 % del aporte de agua de riego, el 80 % del gasto de combustible y el 85 % de los jornales. “El rendimiento comercial duplicó los mejores niveles de la zona y fue cuatro veces superior al promedio”, afirmó el investigador del INTA.
En cuanto a la relación insumo/producto, la tecnología aplicada permitió duplicar la eficiencia del uso del combustible y de la mano de obra; y, además, hacer cuatro veces más eficiente el uso del agua.
“El fertirriego por goteo localizado en la línea de cultivo, sumado a la pulverización dirigida mediante pantallas, permitió el uso de herbicidas totales para lograr un control eficiente de las malezas de hoja ancha”, advirtió D´Amico quien analizó que las malezas latifoliadas son un aspecto crítico en la región, pero que se pudo resolver gracias a los altos volúmenes de cobertura de rastrojo, y más aún por la incorporación de cultivos de cobertura.
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